sábado, 3 de diciembre de 2011

El Yo Superior o Espiritual



El Yo Superior o Espiritual
Tercera Dimensión: El Yo Superior o Espiritual

Cuando Dios nos creó, creó un espíritu, a Su imagen y semejanza que comparte con Él el ser y la sabiduría (como Creador a Criatura).

Es esa parte de nosotros que ES (el “YO SOY”) es el que sabe para qué nacimos. Es el que recuerda por qué vino a esta madre y a este padre (a estas circunstancias determinadas y a estas personas determinadas). Es el que sabe lo necesario para cumplir la misión y que sin embargo, al nacer va perdiendo comunicación con su dimensión carnal y su dimensión mental (niño interno y ser racional).

Creo que esta pérdida de comunicación responde principalmente a que una parte de nuestra misión es precisamente el descubrir que esta tercera dimensión de nuestro ser existe y que precisamente hay que conectarse con ella, para –desde nuestra tridimensionalidad- poder cumplir el plan de Dios para nosotros.

Nuestro Ser Superior tiene poder para crear y sabiduría para resolver problemas y aprender lecciones. Es el que crea nuestras circunstancias y el que nos susurra la solución a los problemas que una y otra vez se nos presentan. Es el que nos envía luces para superarlos y es el que muchas veces tiene que soportar en silencio el que nuestro ser mental- racional no lo escuche ni acepte su poder ni su sabiduría.

Es el que nos dice cuando conocemos a una persona si debemos o no continuar el trato con ella. Es el que nos guía hacia las almas o espíritus afines, a las almas o espíritus de los que debemos aprender lecciones, y hacia nuestra alma gemela. Es esa voz interior que podemos llamar sabiduría o intuición y a la que no e hacemos caso porque no aceptamos la tridimensionalidad de nuestro ser.

Este ser responde a un nombre eterno. Un nombre que sólo puedes saber si se lo preguntas.

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Conversaciones con mi Yo Superior

Meditación

Luego de que hemos experimentado el gozo enorme de conectarnos con nuestro niño interno y saber qué es lo que quiere, nos dirigimos a ese ser sabio que mora en nosotros. Si hemos llamado “niño” a nuestra primera dimensión, no está mal que denominemos “abuelo sabio” a nuestro ser superior. Lo es, porque es eterno y porque sabe mucho.

Es por ello que nos dirigimos con amor y respeto (habiéndole avisado al niño interno lo que pensamos hacer y – como cuando va un niño de visita al abuelo- le rogamos que procure quedarse quieto y escuchar las lecciones sin interrumpir).

Es aquí donde sirven las diversas técnicas de meditación que hayamos aprendido en nuestra vida. El que se propone aquí es sólo un ejemplo, que se puede adaptar o cambiar para cada caso concreto.

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Una Propuesta de Meditación

Nos sentamos cómodamente en donde más nos apetezca en el momento del día que más nos guste. En soledad y silencio.Cerramos los ojos, pedimos a Dios que nos permita hacer bien este contacto con nuestro Yo Superior y a sus Ángeles que nos defiendan y nos guíen. Tomamos conciencia de nuestra respiración. Inhalamos, y exhalamos por la boca como si saliera una cinta invisible que se eleva al cielo con nuestros miedos, tensiones y preocupaciones.Luego nos visualizamos sentados en el mejor lugar del mundo. El paisaje, habitación, o donde sea que nos sintamos que estamos bien y que para nosotros sería el lugar perfecto en donde pasar la eternidad.Sentados en ese lugar en donde estamos seguros, amados y protegidos por Dios y su Ejército Celestial sentimos lo que hay a nuestro alrededor. Los sonidos, la luz, el viento. Entra por nuestro cuerpo el aire puro y lleno de vida y amor del lugar perfecto y sale de nosotros lo que nos queda de miedos, tensiones y preocupaciones.Relajados y serenos, vemos que dentro de nosotros brota una luz fuerte y nos sentimos más grandes y más luminosos.

Con respeto y amor, nos dirigimos a ese ser que está en nosotros y le preguntamos ¿qué hago? ¿qué consejo me das hoy?

(Posiblemente al inicio no oigamos nada. Pero estemos atentos a nuestros sueños, a nuestras inspiraciones a nuestras intuiciones: es el inicio de la comunicación).

Para terminar, seguimos respirando y tomamos conciencia del lugar en donde estamos físicamente. Sentimos nuestras piernas, nuestras manos y nuestra respiración. Damos gracias a Dios, a los ángeles y a nuestro Yo Superior por permitirnos este rato de unión con Dios-en-mi.

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